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  6. Luces brillantes
 
Bella POV

No recuerdo cuándo me desperté pero aun el exterior estaba a oscuras y Alice estaba hablando por el teléfono, amenazando a Jasper con que se olvidase de todo contacto físico eternamente. Ella y Rosalie hablaban a toda velocidad, tanto que me costaba llevarles el ritmo.

-¿Podrían hablar más lento para el humano? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué amenazaste tan cruelmente a Jasper si no detenía a Emmett? ¿Nos están siguiendo?- Miré rápidamente por sobre mi hombro esperando ver el Volvo plateado acercándose a toda velocidad.

-No es nada, Bella, solo el estúpido de Emmett con sus estúpidas ideas. Honestamente Rose, muchas veces me pregunto que le viste. Lo estrangularía mientras duerme, si lo hiciera alguna vez ¡Sabes a lo que me refiero!- Tanto Alice como Rosalie tenían sus ceños fruncidos.

-¿Qué están haciendo?- Me aventuré a preguntar. No sonaba como si estuvieran en peligro, o algo así; así que no podría ser tan malo.

-Quieren llevarse a Edward a un fin de semana de 'chicos', en una especie de venganza por irnos sin ellos. ¡Son tan infantiles!- Bufó Alice cruzándose de brazos.

-Bueno, creo que es justo que ellos también se diviertan. No entiendo cual es el problema. Me parece justo que si nosotras nos vamos juntas a buscar diversión, ellos también lo hagan ¿verdad?

-Bella, no viste donde Emmett quiere llevarlos. Alice ¿Emmett cambio de parecer?- Demandó Rosalie.

-Nope.- contestó secamente.

-¡Dame el teléfono! ¡Lo voy a matar!- Alice sonrió y le pasó el teléfono a Rosalie. Me tapé los ojos, por el tono de la voz de Rosalie sabía que Emmett se las vería feo. ¿Qué podía ser tan malo? No tuve tiempo de preguntarle a Alice, que Rose ya estaba gritando -Emmett Cullen. ¿Eres idiota? ¿Tienes deseos de morir? Si sigues con tu plan nunca...nunca volverás a poner una mano en mi cuerpo. No solo eso, despedazaré tu Jeep, tanto que entrará en una caja de cigarrillo y podrás pasarte toda la eternidad intentando armarlo tú solo. ¿Me has entendido?- y colgó el teléfono sin decirle nada más. Nos miró con una enorme sonrisa. -¿Y bien?- le dijo a Alice.

-Misión cumplida, creo. Si Edward hace lo que yo creo le echaremos a Bella encima. Pero por ahora estamos bien. ¡Ohhh...mira todas esas luces!- A la distancia estaba Las Vegas en toda su gloria.

Vegas era más increíble de lo que me había imaginado. Al cruzar por las calles las luces y colores se hicieron más nítidos. La gente se amontonaba por todas partes, a pesar de que era bien entrada la noche. Seguramente por eso Alice escogió Las Vegas...la noche no tenía fin.

Estaba sonriendo de oreja a oreja cuando llegamos al hotel. Nos adentramos en el mismo y un hombre vestido de traje nos abrió la puerta. -Señoritas, bienvenidas al Bellagio. Estábamos esperando su llegada.- me ofreció su mano para ayudarme a bajar del asiento trasero -¿Cuántos hombres debo llamar para que suban su equipaje esta vez, Alice? ¿Ocho serán suficientes?

-Esta vez viajamos sin equipaje, Sal.- Alice le guiñó un ojo y se giró hacia mí. -Bella, él es Sal. Sal, ella es nuestra casi-cuñada, Bella.- Sal inclinó su cabeza y gentilmente besó mi mano.

-Encantado de conocerle, señorita Bella. Espero que disfrute su fin de semana al máximo.- me dijo con una enorme sonrisa en su hermoso rostro.

Alice me tomó por el brazo y me empujó hacia el Lobby donde fuimos calurosamente recibidas con 'Hola señorita Rosalie', 'Es bueno verte Alice', 'Bienvenida Bella' y para mi sorpresa no tuvimos que detenernos en la recepción.

-La habitación de siempre esta lista, como a ustedes le gusta.- Dijo Sal dándonos paso hacia los elevadores. -Disfruten su estadía.

-¡Vamos a ver nuestra habitación!- Y antes de que pudiera abrir la boca para decir nada, Alice y Rosalie estaban llevándome a toda marcha hacia los elevadores - Gracias Sal, ¡Oh! Y envíalos en 15 minutos ¿OK?- Sal agitó su mano y levantó sus pulgares hacia Alice mientras el elevador se cerraba. No podía creerlo, realmente estaba ansiosa

-¿A qué piso vamos, Rosalie?- Pregunté para apretar el botón. Me miró y sonrió, e inmediatamente supe la respuesta; al último piso. El lugar donde estaban las habitaciones más caras y lujosas de todo el hotel. Mi rostro se puso bordó. -No deberían gastar tanto en mi...- murmuré fijando mi vista en la alfombra del elevador.

-Bella, respira profundamente y relájate. Solo te lo diré una vez- Me dijo Alice acercándose a mí, mirándome fijamente. -Gastaremos mucha plata en ti este fin de semana. Montañas y montañas de dinero. También nos divertiremos, nos comportaremos como bobas y nos pondremos los mejores vestidos que seguramente odiarás, pero prometo que te veras hermosa en ellos. No hay punto de discusión.- Luego me sonrió -Si eres buena, te diré cual fue la prenda que le mostramos a Edward antes de que nos fuéramos, así podrás usarla alguna que otra vez para ver nuevamente su expresión.- Ella y Rosalie comenzaron a reírse al recordar la cara de Edward y como su boca se abrió de golpe.

Nuestra habitación, si es que podía denigrársele a ese nombre, estaba en el piso veinte, con vista a la ciudad. Cada superficie era de mármol, detalles de oro en cada pieza central. El baño tenía su propio sector de spa, con un enorme espejo, un jacuzzi, una ducha y un sauna. Detrás de la puerta había colgadas tres salidas de baño, con nuestros nombres bordados en ellas. Caminé por la suite con mi mandíbula desencajada intentando no pensar en cuanto debería costar una noche en aquel lugar. Antes de darme cuenta, alguien llamó a la puerta.

-Entre.- sonó la musical voz de Rosalie. Tres personas entraron en la habitación. El primero era un hombre alto de cabellos rubios, el cual por su vestimenta adivine que era un chef. El segundo era una mujer de estatura mediana, la cual traía una perchero enorme y una valija, donde seguramente llevaría cualquier cantidad de carteras, zapatos y demás accesorios. Creí que Alice se desmayaría. El tercero era un hombre vestido en un smoking, el cual se dirigió a nosotras.

-Señoritas, mi nombre es Giuseppe, él es su Chef personal y su asesora de modas. Señorita Bella, me han dicho que estaba algo famélica ¿Qué desea que le preparen?- Su acento era extranjero, y esperaba por mi respuesta.

-Oh, no lo sé. Es bastante tarde ¿No? ¿Que tiene a esta hora?- Estaba demasiado sorprendida como para responder algo coherente -¿Tienen un menú?

-No, no hay menú para usted, señorita Bella.- respondió el chef, mostrándose bastante molesto ante mi pregunta. -Usted pide y yo lo hago. Que desea... ¿Postre, cena, almuerzo o desayuno? Usted lo menciona y yo lo preparo inmediatamente.- Alice y Rosalie se sonrieron.

-Sorpréndame.- Fueron las únicas palabras que pude articular, pero aparentemente hicieron feliz al Chef. Hizo una especie de reverencia y se dio media vuelta, saliendo de la habitación. No podía imaginar que era, o cual era la cantidad que comida que traería, quizás debería forzar a Alice y Rosalie a que comieran algo de ello.

Alice se acercó a Giuseppe y susurró algo a su oído por unos instantes. Definitivamente estaba utilizando sus encantos – de vampiro – y estaban dando resultado. El seguía asintiendo con su cabeza, luego se fue de la habitación, obviamente a cumplir la misión que Alice le había encomendado.

Alice y Rosalie parecían volverse locas cuando gritaron a la mujer de mediana estatura; -¡Hola Francesca! Ooohhh ¿Que trajiste para que nos probemos?- ambas corrieron hacia la valija y el perchero que traía la mujer y comenzaron a revolverlas. Intente salir de la habitación, para evitar cualquier intento de ponerme cualquier tipo de vestido. Alice, por supuesto, vio mi plan y me grito; -Isabella Swan-casi-Cullen... ¡Quédate donde estas! Francesca, tráela y empecemos de una vez, tenemos un gran día por delante. Bella, a menos que prefieras que Rosalie y yo escojamos algo para ti, mejor mueve tu trasero hacia aquí y únete a la diversión.

Sabiendo que estaba derrotada, le sonreí a Francesca y me encaminé a hacer frente a mi pesadilla. Las vestimentas eran fabulosas. Había una gran cantidad de perchas, de las cuales colgaban prendas celestes – las cuales supuse que serian para mí – Alice y Rosalie parecían dos niñas en una juguetería, tocando y probando todo lo que tenían al alcance de sus manos.

-Ahora sé por qué salieron tan tranquilas sin maletas ¡después de este fin de semana tendrán un nuevo guardarropas!- una enrome sonrisa iluminó mi rostro. Mientras no mirase las etiquetas de los precios, esto comenzaba a ponerse entretenido.

-¡Rosalie!- gritó Alice repentinamente -Voy a matar a tu marido...pronto...

 
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